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Riga, la capital báltica del `art noveau´

Una ciudad llena de detalles, donde el modernismo brilla con luz propia, de la mano de arquitectos como Mijaíl Eisenstein.

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La capital de Letonia, un país el doble de grande que Bélgica, es la más populosa y brillante entre las ciudades de las tres repúblicas bálticas. Y ha sido distinguida por la Unesco como patrimonio de la humanidad basado en tres partidas: su casco antiguo, sus suburbios de madera y el fabuloso conjunto de arquitectura modernista.

La ciudad, fundada en 1201 por un obispo teutón llamado Alberto, mantuvo durante siglos un casco viejo de sabor tudesco, como puerto hanseático de escaso y próspero vecindario. Pero en el siglo XVII los rusos anexionan el país a su imperio, y a finales del XIX tienden una línea férrea que enlaza Riga con el interior de Rusia. Esto trajo riqueza, y la riqueza propició el nacimiento de una clase burguesa, de gusto cosmopolita, abierta a las novedades. Lo mismo que ocurrió en otras ciudades industriales, como Barcelona.

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Entre 1857 y 1863 se derriban las murallas medievales: lo que era muro se convirtió en canales y jardines; las explanadas defensivas, en bulevares. Dos arquitectos, Daniel Felsko y Otto Dietze, planean el ensanche urbano. Amanece el nuevo siglo y, roto el corsé de piedra, la ciudad se desarrolla de forma impetuosa; en 15 años, la población se dobla, rebasando el medio millón de habitantes. Riga era llamada “la pequeña París del Báltico” por su lustre de ciudad alegre y confiada. A ese fulgor contribuyó, desde luego, la arquitectura modernista, que fue jubilosamente aplicada; medio millar largo de edificios, calles enteras, se llenaron de cenefas y arabescos, máscaras y cariátides, mosaicos y florituras. La tercera parte de la nueva ciudad se levantó al dictado del art nouveau que florecía en Europa. Este estilo -que se matiza con diversas apelaciones, como Jugendstil, Sezession, liberty, noucentisme, según el territorio donde es adoptado- era en el fondo una reacción libertaria, romántica, frente al eclecticismo académico e historicista que pobló pesadamente la segunda mitad del siglo XIX de neoestilos (neorrománico, neogótico, etcétera).

La arquitectura art nouveau de Riga se muestra como algo peculiar, con un perfil propio. Es verdad que se inspira en países vecinos, como Austria, Alemania o Finlandia. Pero hubo toda una generación de arquitectos locales, formados en el Instituto Politécnico de Riga y su Aula de Arquitectura (creada en 1869), que trataron de articular un lenguaje netamente letón. Ya en 1899 aparecen edificios firmados por esa generación, a la que pertenecen arquitectos como H. Zirkwitz, Friedrich Scheffel, Heinrich Scheel, Janis Alksnis y Konstantin Peksens, entre otros.

Un estilo peculiar

Pero la figura más brillante de esa tendencia es el ruso Mijaíl Eisenstein (padre del cineasta Serguéi, autor de películas míticas como Octubre o El acorazado Potemkin). Mijaíl Eisenstein diseñó unos 15 bloques de viviendas; cinco de ellos están en la calle de Alberto (Alberto Iela, por el obispo fundador de Riga). Esta calle breve es única en Europa, toda ella conformada por edificios de aspecto desenfadado, casi divertido, juguetón, como un decorado de opereta; el Viejo Continente no había descubierto todavía la clase de horrores que pueden reptar en los sótanos de las buenas conciencias, y que saldrían a flote en las dos contiendas mundiales.

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Por cierto, en el número 12 de esa calle tenía su estudio Janis Rozental, el más insigne pintor letón de la época -tiene salas monográficas en el cercano Museo Nacional de Bellas Artes-. También vivió allí Rudolf Blaumanis, otro pintor notable. En realidad, aquel apartamento fue un cenáculo donde se reunían artistas locales, escritores, músicos, periodistas, editores; hoy día se halla convertido en museo dedicado a Rozental y Blaumanis.

El eclecticismo ornamental no fue el único acento del art nouveau en Riga. Una doble corriente le sucedió, casi sin solapamientos: el llamado romanticismo historicista, que floreció en torno a 1906, y el llamado romanticismo nacionalista, que se desarrolló entre 1905 y 1911, en sintonía con el sentimiento general que llevaría, pocos años después, a la independencia del país. Al primer movimiento pertenecen figuras como Wilhelm Neumann, Wilhelm Bockslaff y los ya mencionados Alksnis y Peksens. El romanticismo nacionalista, por su parte, trató de crear una arquitectura netamente letona, usando materiales y tradiciones autóctonos; un tercio de los edificios modernistas de Riga pertenecen a esta tendencia, y están firmados por creadores como A. Vanags y A. Malvess, además de otros polifacéticos como Laube o Peksens.

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Riga, en definitiva, captó y absorbió los influjos próximos o lejanos, pero asimiló e hizo propia aquella estética novedosa, y la extendió a su vez al resto de Letonia y a las otras dos repúblicas bálticas. El brillo de aquella ciudad alegre y confiada aparece en la actualidad un tanto velado por los años de desidia bajo el régimen soviético. Pero eso mismo hace más instructiva la visita. Toda Riga es en estos momentos una bella durmiente que despierta rodeada de grúas.

Texto vía Viajes El País ((aquí el original))

CÓMO

  • Salen vuelos diarios desde Montevideo con escalas.
  • Lo ideal es realizar un circuito guiado por el este de Europa que contenga la ciudad de Riga y pasar un par de noches para conocer cada rincón.
  • El transporte público es la mejor opción para moverse. Se puede usar el tranvía, el ómnibus o el trolebus.
  • Para ahorrar, lo mejor es contratar la City Riga Card por dos días que incluye Hop-on y Hop-off, así como el ingreso en mucho de los museos y atracciones.
  • Viajando con pasaporte uruguayo no precisa visa.

CUÁNDO

  • El clima que predomina es el continental húmedo. Los inviernos son fríos donde la temperatura media es de -5 ºC y los veranos suaves, cuando el promedio que se registra ronda los 17 ºC.
  • El periodo más conveniente para visitar la ciudad va de abril a setiembre, aunque, si bien las temperaturas son bajo cero, la época más hermosa para conocer el destino es durante la Navidad, cuando se viste de nieve y luces.

 

 

 

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